D-35. Aceptando lo pactado.

Decir a estas alturas que el Atlas Lunar Óptico es ambicioso sería injusto para con mi mismo. Cuando surgió la idea, casi sin haber acabado mi primer curso de iniciación a la Astronomía, pasaron más de cuatro meses de precaución. Cuatro meses en los que rogué a los compañeros que censuraran mi idea, que buscaran como yo estaba buscando algo, un referente, un intento anterior que deslegitimase mi descubrimiento, que diera al traste con la supuesta originalidad. Hice la maqueta, nos reunimos y hablamos del asunto, pocos lo entendían, no sin ver el funcionamiento de la fibra óptica. Los pocos que si conseguían ficcionar el resultado quedaban felices y maravillados por la idea y, sin más, me animaron a ejecutarla. Para aquel entonces solo tenía una salida, conseguir la fibra y una vez la tuviera, ejecutarlo. Casi a continuación surgió el congreso, la posibilidad de mostrarme a mi y muchas otras personas qué es y para que sirve un Atlas Lunar Óptico. Yo funciono a base de pactos, compromisos, fechas concretas y siempre con la constante tiempo en mente. Una idea puede quedarse incrustada en mi cabeza durante décadas y no la ejecutaré a no ser que encuentre un pretexto para ello o me vea integrado en un colectivo y tenga este una fecha. Lo reconozco, soy un procrastinador recalcitrante, y a veces pienso que tengo todo el tiempo del mundo por lo que simplemente lo dejo para mañana. Hago esto porque las ideas dentro de mi cabeza suelen ser perfectas, hermosas, funcionan liberadas de la caprichosa física o los impedimentos materiales tales como la privación de espacio de trabajo o la escasez de recursos económicos. Sin embargo soy consciente de la altísima permeabilidad de las ideas originales y realmente valiosas en lo que podríamos considerar como "imaginario colectivo". No quería que esta vez apareciera otro Atlas Lunar Óptico y, al verlo, sonreir desencantado y pensar: vaya esa idea era mía. 
Y decidí aceptar el pacto, fijar una fecha para la que quedan escasos 35 días. Ese pacto incluía un Atlas Lunar Óptico inconcluso, o completado en un 70%, que para el caso es lo mismo. He llegado a un punto en el que la colisión contra el muro es constante, demasiado intensa. La última referencia claramente visible quedó atrás hace mucho y desde hace unos cuantos días me encuentro perforando el negro fondo de los mares de la cara visible. Ahora solo queda aceptar la existencia de tal dorsa o rima, con la esperanza de que algún día pueda forzar mi refractor apocromático (ese que aun no tengo) hasta mucho más allá de su límite teórico y con el seeing más increíble que haya tenido jamás nadie apreciar eso que se supone que debe estar ahí. Hoy me enfrento a un acúmulo de 150 referencias y todo el día para ejecutarlas, otro pacto, otro tiempo. Pero no antes de un café y un largo paseo en bicicleta.



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