D-34. Un principio de crueldad.

 Hoy descanso, paro, lo aparco, dejo pasar el día y posiblemente el fin de semana. Ayer se me resbaló el taladro y la última broca buena de cobalto (1,60€) se fue al garete. No cejo mas me alejo. Observando en el silencio de la noche mi zona de trabajo, que sorprendentemente mantenía un orden, una organización inusitada; me dí cuenta de cuanto había avanzado, cuanto llevaba recorrido en soledad, conté las horas en el cuaderno y surgió una cifra, demasiado abultada. Supongo que era el momento de hacer un último cráter, el más especial de todo y del que nadie tendrá noticias jamás a no ser que lea estas letras o preste un especial interés en todas y cada uno de las referencias. He incluido de motu propio en el Atlas Lunar Óptico un nombre, un astroblema dedicado a un ser muy especial y que pese a que se le reconoce mucho, no tenía ni un pequeñísimo cráter con su nombre. He escogido uno pequeño, reciente y muy bien formado, de albedo alto y visible con un buen refractor. Hoy es un cráter accesorio de Langrenus, el M. He escogido este grupo de cráteres pues a la UIA no parece importarles demasiado renombrarlos supongo que por ser cráteres muy espaciados y con entidad propia, además de muy interesantes al incluir fenómenos transitorios que describen muy bien la actividad volcánica de Luna. Es asi como en el Atlas Lunar Óptico veremos un cráter  Лайка, en efecto es un astroblema dedicado a la perrita Laica. Siempre me ha encogido el alma la historia de este animal; con una mezcla de estupefacción y víscera la leo, releo y la amplío una y otra vez con la esperanza de entender algo de aquella época tan loca de los sputnik pero no lo consigo. Solo el cosmonauta Yuri Gagarin pudo expresar algo que quizás se acerque al verdadero sentir:

Todavía hoy no sé si yo soy el 'primer hombre' o el 'último perro' en volar al espacio.



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