Sin saber aún bien cómo me he visto revolviendo todo mi set up de visual. Una llamada a la asociación, una donación desinteresada y un servidor acudiendo a recoger un Vixen np90m que dormía el sueño de los justos bajo una cama desde ni se sabe los años. Es un equipo como nuevo pero absolutamente viejo o como dicen ahora "Vintage" un refractor acromático de los de Vixen de verdad, cuando se construían de 0 en Japón. Un superviviente de otra época con una montura ecuatorial pesada, lenta de usar y oculares de 0.96 pulgadas. Cualquiera le habría echado para atrás un equipo con tantas limitaciones visibles pero yo he querido ver un poco más allá, apreciar la solidez del tubo metálico, la finura de su enfoque y lo afilado y contrastado de su doblete acromático que por su larga distancia focal presenta un cromatismo muy contenido y casi imperceptible hasta el punto de poder hablar de un semi-apocromático. Tenía pues dos equipos sobre la mesa, literalmente:

Mi viejo refractor vixen AL70F que en realidad era más nuevo que mi nuevo refractor vixen NP90M. Uno tenía cosas que me gustaban y el otro tenía cosas que deseaba como era más apertura, más distancia focal y una montura un pelín más estable, solo un poco pues en realidad estoy encantado por la portabilidad de la porta de vixen. Solución=Fusión. Comencé a estudiar la posibilidad de "quedarme" con lo bueno de uno y descartar lo malo del otro. El primer paso era evidente, todos mis oculares son de 1,25 y funcionan realmente genial, mi 20 mm ploss de vixen que ya acumula seguro un centenar de horas de observación, la barlow, el 6mm que empezaba a cogerle cariño... y unos oculares kellner que mi compañera Clara me había prestado. Desmonté el portaoculares del 70 y el del 90, incompatibles como sacados de dos eras distintas, lo más sencillo habría sido comprar un adaptador de 0,96 a 1,25 pero tenía miedo de que produjera viñeteo y más pensando en el futuro con un ocular de gran campo que estoy decidido a adquirir.

Después de toda una semana de búsqueda por las consabidas páginas chinas y tras la espera de aduanas llegó el adaptador de roscas macho/macho que "casi" solucionaba el problema, digo casi pues la rosca del np90m es de unos imposibles 43mm y solo encontré adaptadores de 42mm, un poco de masilla kintuoshi que hacia las veces de junta tórica y el conjunto pareció quedar sólido y resistente. Un poco de cinta americana para terminar de afianzar y eureka, ya podía volver a usar los oculares de 1,25 en el nuevo/viejo tubo. Le quedaba el turno a la montura, las patas de madera del np90m son a parte de preciosas, ligeras, cómodas, resistentes y le daban al conjunto de la montura ecuatorial una estabilidad envidiable y digo daban pues de nuevo hibridé la montura con el cabezal de la porta eliminando sus nerviosas patas de aluminio lastradas con arena. En mi cabeza monté y desmonté el trípode cien veces antes de lanzarme a la transformación y lo conseguí, de la manera más sencilla que podía imaginar:

Además había ganado en el proceso 10 cm imprescindibles para operar con el metro largo del np90. El comportamiento del conjunto es suave, lento en movimientos y con un flaneo típico de las inercias de los refractores largos que a mi particularmente me encanta. Y desde entonces hasta ahora no he podido subir a observar una sola noche, la calima se ha instalado en la península ibérica y solo han dado tregua para las jornadas de puertas abiertas en el observatorio.
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